domingo, 11 de septiembre de 2011

Sobre Las Ruinas Circulares.

Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos.
Ficciones



«Las Ruinas Circulares» es, quizá después de «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius», uno de los cuentos más discutidos de Borges. El análisis que a continuación presento es simple, humilde y está, para mi vergüenza, lleno de ignorancia.



Borges no es un escritor impredecible; no es, como muchos otros, el escritor acaso mediocre que se vale de un factor sorpresa. La cita del principio del cuento, por ejemplo, nos prepara para el final, nos sumerge (a los que leímos a Carroll) ya en el mundo del cuento, un mundo (¿nuestro mundo?) donde los soñadores sueñan a otros soñadores y los primeros se enteran con alivio, con humillación, con terror, que son también soñados:

«Then Tweedle-Dee said, "He is dreaming about you; and if he left off dreaming about you, where do you suppose you would be?"»
«Through the Looking Glass» by Lewis Carroll (a).


Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche (b).
Los adjetivos, en Borges, no son como en otros escritores meros adornos puestos, sobrepuestos o yuxtapuestos. En Borges los adjetivos son esenciales, son su herramienta para crear imágenes sorprendentes. Muchos de sus críticos particularmente los críticos de Ficciones–, si bien atribuyen la esencia de sus cuentos más a sus sustantivos acertados que a sus adjetivos, reconocen su rol en las imágenes y paradojas que se crean en el proceso de construcción de los cuentos de Borges. La imagen con la que comienza el cuento, quizá no lo dice todo, pero casi-todo, y con eso ya es mucho: la unanimidad ya nos indica que la noche fue planeada, que la noche no es cualquier noche, sino que se llegó a un acuerdo para que ella sea. Curiosamente, la oración que antecede al complemento nadie lo vio desembarcar podría anular mi teoría. Déjenme, entonces, proponer lo siguiente: nadie, podría bien ser ninguna-persona, mas no ningún-dios. Cuando un católico dice nadie, no quiere decir que Dios –omnipresente, omnisciente– no esté ahí; quiere decir, más bien, que ningún humano está ahí, ningún mortal: ninguno de sus iguales. Es entonces cuando sabemos, de antemano, que aunque nadie haya sido testigo del personaje desembarcando, puede que haya habido un Testigo, un Dios, un Soñador (c).


[...] a los pocos días nadie ignoraba [...] que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba [],  donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra.
Las infinitas aldeas se refieren a distintos e infinitos niveles de realidades, más arriba porque cada vez que se baja uno comienza a vivir en la realidad que está dentro de una realidad la realidad del nivel superior cambia. Las "bajadas" son introducirse a una realidad nueva que está dentro de la realidad particular de una persona (id est un sueño):
Es claro que se dijo que las aldeas son infinitas –el gráfico debería empezar, por ejemplo, en la Rn y terminar en la R1, pero para simplificar el asunto he decidido usar cuatro niveles de realidad. R1, es la realidad en la que somos soñados todos los habitantes de los demás niveles por Alguien llamado Dios; R2 vendría a ser la realidad objetiva, donde viven los seres humanos; R3 es donde el personaje del cuento está, donde él sueña y crea una nueva realidad, la R4.
Es bastante conocida ya la anécdota en la que Borges padre le enseña a Borges sobre la memoria. Le propone lo siguiente: en una sucesión de monedas –puesta una sobre la otra, la moneda del nivel inferior es lo que pasó en realidad, la que está encima de dicha moneda, es el primer recuerdo, ad infinitum. Así, la memoria deforma la realidad, crea una nueva. Lo mismo pasa por los niveles. Cada nivel agrega subjetividad a la nueva realidad y la deforma, por decirlo de alguna manera. Por la misma razón, el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra en los niveles superiores. El idioma zend, en primera instancia, literalmente quiere decir interpretación, hecho que aporta mucho en cuanto a la teoría de que lo crucial en esta oración es referirse a la subjetividad agregada en cada realidad nueva. Las similitudes del idioma zend con el griego son, dicho sea de paso, numerosas: ambas se han considerado lenguas sagradas, puesto a con el zend se escribieron los libros sagrados del legislador Zaratustra (d); además, el zend en particular contiene las letras una a y e privativas (e), tal y como lo hacen el griego y el sánscrito; el idioma zend es considerado uno de los mejores estructurados en cuanto a alfabeto, pudiéndose comparar a dicho idioma con el griego o incluso el latín. En cuanto a la palabra lepra, considero que es una metáfora de lo mutilante y vergonzoso de la nueva realidad: aquellas máculas eritematosas o nódulos de la lepra, serían en cada realidad nueva, puesto a que en cada realidad se agrega un signo que se adhiere perteneciente al que soñó la nueva realidad.


Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza.
Sin sentir nos crea una sensación de incertidumbre en todo lector minucioso. El problema radica en que los humanos siempre sienten y más cuando se trata de dolor. El personaje nos intriga a cada paso que da a través del cuento, puesto a que no es un ente de naturaleza conocida.
El recinto circular tiene un mito interesante. Borges, en La esfera de Pascal, nos habla del Universo como una esfera cuyos puntos referenciales nos son desconocidos, y cita a Pascal de la siguiente manera: El Universo es una esfera cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna (id est el Universo es infinito). El círculo, entonces, representa a lo infinito, que comienza donde termina y termina donde comienza de nuevo; al igual que lo hace su cuento.
En cuanto al fuego, tomado como principio natural, según Heráclito en Borges. Significa cambio, movimiento constante gracias al encuentro de los contrarios –¿realidad-ficción, quizá?. Este encuentro de los contrarios también se da en el encuentro principio-fin, que en realidad vendría ser un principio-fin-principio-fin-principio-(ad infinitum) que nunca acaba: fuego eterno. Y el mismo mecanismo explicaría que el templo circular fue devorado por los incendios antiguos, incendios, que por cierto, devoraron a los dioses antiguos, acaso por ser intentos fallidos; y cuyo dios no recibe honor de los hombres. Lo propio ocurre cuando se dice incendios antiguos, vemos la circularidad del tiempo en el cuento: su propio eterno retorno, su forma de ser infinito. Los incendios antiguos, para ser muy clara, serán uno futuro, y el templo mientras tanto,  tiene el color de la ceniza. No se habla sino de una sucesión de tiempo en el que hay fuego-ceniza-fuego-ceniza-fuego-ceniza-(ad infinitum).


Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad.
Las heridas que cicatrizan no sorprenden, porque esto ha pasado antes; tal tema, es cierto, no requiere más detenimiento; puesto a que es obvio que el soñador ha realizado una curación en el soñado, mientras él estaba, digámoslo así: inconsciente. En cambio, el tema de la Voluntad, sí merece atención y detenimiento por parte del lector. Es bien sabido que Borges era un lector asiduo de «El Mundo como Voluntad y Representación» de Arthur Schopenhauer, y el hecho de que el personaje duerma no porque está cansado o porque el cuerpo de lo pide, sino porque se lo pide la Voluntad obviamente no es gratuito. La Voluntad (o Wille, en alemán) no es un simple querer ser o querer hacer, es más bien una esencia de ser o hacer que tienen todos los seres inconscientes o conscientes de ser en el Universo; y dicha esencia, en el hombre, puede llegar a ser consciente, puede llegar a ser un deseo, cuya presencia nos es ineludible y cuyo origen no siempre es conocido. En el caso del cuento, es claro que el origen de dicho deseo de soñar viene del que sueña al soñado, de su creador.


Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño.
Ese saber, es la misma consciente del deseo, la consciencia de la Voluntad.
La estructura de esta oración y de muchas otras en el cuento, resume el mismo cuento. El personaje sabe qué es lo que requiere si propósito, puesto a que el que lo sueña ha puesto dicho pensamiento en su mente; sabe que la naturaleza no ha acabado con las ruinas puesto a que su creador así se lo ha impuesto; y asimismo, sabe que su obligación es la soñar, es la de crear una nueva realidad.
Pero lo que ahora se pretende analizar no es la estructura de la oración, sino su más simple significado, para ello utilizaré este fragmento: las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos. La frase nos dice que en otro tiempo las ruinas incendiaron a otros dioses, que murieron. Puesto a que todos los hombres de la R3 anteriores al personaje han sido soñados con el propósito de soñar y han fallado en el intento, de ellos quedan sólo ruinas. Y, al igual que el personaje del cuento, el que soñó al personaje se tomó la molestia de soñarlo más de una vez, por lo mismo que se dice que las ruinas son de otro templo propicio. Y no es sino hasta muchos intentos fallidos aquí se introducen los dioses incendiados y muertos que el que sueña al personaje logra por fin crear una pequeña realidad, donde el personaje no es hombre, sino un pequeño dios soñado.


Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder.
El proyecto que agote hasta el último espacio de su alma, no es más que su único propósito, puesto a que este dios, así de complejo como parece, es simple en cuanto a sus voluntades, pues sólo tiene una. No sabía su propio nombre ni de dónde venía, es una cosa que se repite después, cuando: [el personaje] le infunde el olvido total de sus años de aprendizaje al hombre de su sueño, para que se creyese como el resto de los hombres. Lo mismo le hacen a él y ya lo tenemos predicho. Esta oración denota la circularidad del cuento, nos deja encontrar en él, una estructura mítica.


Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica (f).
Para tratar de explicar esto, citaré a La Biblia Latinoamericana: "1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba sin orden y vacía , y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas." (Génesis 1:1-2). Recuérdese que se puede tomar la ribera como metáfora a la superficie de las aguas sobre las cuales Dios se movía, según el Génesis; y, al mismo tiempo, el fango como metáfora al barro con el cual Dios creó al primer hombre (g).
Quizá se tome como sobre interpretación, pero también es posible vincular la creación de Las Ruinas Circulares con: In principio erat verbum, et verbum erat apud Deum, et Deus erat verbum. Hoc erat in principio apud Deum (Juan, 1:1)(h).
Volviendo a lo de la naturaleza dialéctica, Borges nos muestra a continuación que el hombre que sueña con alumnos, que efectivamente tienen rostros silenciosos, sombríos, que pendían a siglos de distancia. Quería buscar en su interior, acaso, el yo que mereciese salir. Como el hombre que descubre en sí mismo a otro y encuentra espejos: infinitos y abominables, que si bien pueden hacer de impostores, también tienen la capacidad de asombrarlo. Los que aceptaban su doctrina así porque así eran los que más rasgos de él mismo tenían, por tanto, los que no podían llegar a ser individuos. Aquí se puede hacer una analogía de soñador-soñado a escritor-personaje. Pues en Literatura, un personaje que se parezca en demasía a su creador no llega a ser un individuo digno de representar un cuento o novela, sino más bien esclavo de una autobiografía no autorizada por el autor, claro está. Eran pues, los discípulos que se atrevían a contradecirlo los merecedores de ser llevados a su realidad.
Pero, extraño caso, el hombre sufrió un ataque de insomnio –aquí vemos la clara influencia kafkiana: el hombre que intenta-ser, pero no puede-ser, porque fuerzas que van más allá de él le imponen que no debe-ser. ¿Analogía del bloqueo creativo? Quizá. Pero en este caso las implicaciones filosóficas son, paradoja, más importantes que las literarias: soñar algo coherente es –puesto a que los sueños son incoherentes y muchas veces carecen de cohesión alguna– si bien no imposible, sobrenatural; acto digno solamente de un dios.

Luego de tanto preámbulo, se sueña al hombre: tarea ardua para acometer, sí: pero al fin lograda. Se logra crear a un hombre, aunque sin el soplo de vida, característico de él mismo y de su soñador. Para Heráclito, este mundo es el mismo para todos los seres, no lo ha creado ninguno de los dioses ni de los hombres, sino que siempre fue, es y será fuego eternamente vivo, que se enciende con medida y se apaga con medida. Fuego que cambia, que se enciende y apaga: imagen del ciclo cósmico, origen y fin de todo. Por tanto, dios Fuego, quien le concede el soplo divino a los seres.


Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.
Aguas abajo quiere decir ir a la R4, donde hay otras ruinas de otro templo, donde el hombre soñado por el personaje que soñaba, despierta. Entonces el personaje manda a su personaje soñado río arriba: a las aguas del nivel inferior, a donde está su realidad, porque lo cree listo para nacer y le infunde el olvido. Observamos, entonces, que el soñador hace lo mismo que hicieron con él, a causa de una Voluntad que así lo quiere: no quiere que el soñado es soñado, sino al contrario, que lo ignore, que se crea como los demás mortales.


Ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo!
Pequeña aclaración: Borges usa subidas y bajadas para salidas y entradas a las realidades, por tanto, el vértigo es algo tan obvio en esta oración que no volveré a explicarlo.
Borges es muy conocido por sus juegos con los espejos, por su teoría de los espejos. Todos los humanos somos los reflejos de muchos humanos en su conjunto pero no lo admitimos, ya a manera de interpretación, el  afirmar tal idea sería algo terrible, un crimen contra nuestro ego, contra nuestra vanidad. Algo de lo que nadie se ocupa sino hasta que el asunto es llevado a la consciencia y golpea el tonto orgullo del ser.
Para el final terminar aliviado, porque como todo aquel que se cree hombre, le tiene miedo al fin de su existencia; con humillación, pues es ¡nada más que un ser soñado por otro! y todo vuelve a recomenzar una y otra vez, se crea nuevamente el mito eterno retorno –valga el término–, cuando se dice:
Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.


La estructura del cuento, dada a la extraña ruptura de la frontera realidad-ficción que hace Borges (léase hipertextualidad), es difícil de representar; así que me voy a valer de un gráfico que representa la relación ficción-realidad con una banda de Moëbus, aclaro que lo hago solamente para poder explicar mejor sus subidas y bajadas y la Representación que corresponde a cada una:

R1 y R2 no son representadas de forma directa en el cuento, pero se pueden inferir a través de una lectura minuciosa de él y otros cuentos/poemas/ensayos de Borges. Ya en R3, está el personaje que quiere soñar a un hombre perfecto; mas dicho hombre se piensa en R1 y cree que soñando creará R2. Cuando logra soñar una realidad nueva, crea la R4; ya creada dicha realidad, intenta salvar a su creación para darse cuenta de que no está en R1, sino en R3, lo que le infunde temor, humillación y al mismo tiempo, extraño caso, alivio.


El final que nos ofrece Borges es maravilloso, pues cambia los papeles, cuestiona nuestra realidad. El final hace que realmente podamos leer cómo un hombre que tenía una razón de vivir, no se da cuenta de que ésta es en realidad inútil, que él no existe; y que aún siendo así, el hombre en toda su vanidad, no dio cuenta de ello sino hasta el día de su supuesta muerte. Es este el golpe que realmente necesita el lector, este es el factor reflexivo que introduce Borges sin la necesidad de darnos información que no sabíamos cuando comenzamos el cuento. Es este uno de los cuentos que hace de Borges un narrador excepcional, no sólo por el fondo, sino también por la estructura del fondo, por su forma mítica, por su acertada elección de las palabras.


No pretendo que se crea que mi lectura de «Las Ruinas Circulares»  es recurrente o interminable ni que se crea mi lectura es correcta. Sé muy bien que muchas investigaciones se han hecho al respecto y de hecho es verosímil que estas observaciones hayan sido enunciadas alguna vez y quizá muchas veces; la discusión de su novedad me interesa menos que la de su posible verdad(i). Es hora, entonces, de recomenzar.




Sobre las citas del texto:
a) Esta no es la cita original que Borges hace en Ficciones.
Me tomé la libertad de hacer una observación intertextual. No pude evitar notar, en un poema de Borges, el mismo concepto:
¡Hora en que el sueño pertinaz de la vida
corre peligro de quebranto,
hora en que le sería fácil a Dios
matar del todo Su obra! (Amanecer, Borges)

b) 1. adj. Dicho de un conjunto de personas: Que convienen en un mismo parecer, dictamen, voluntad o sentimiento.

c) Aquí no pretendo ofender a nadie, y aún creo que debo una aclaración: hablamos del nivel 4, cuando decimos Dios del nivel 3: el mago de las ruinas circulares, que en realidad en dicho nivel es otro mortal. El Dios del nivel 3 es el que sueña a este personaje, mas en el nivel 2 es otro mortal. Entonces nos queda Dios como Dios en el nivel 2, pues el nivel 2, en mi análisis, vendría a ser la realidad objetiva. Queda, por tanto, la realidad 1, que es donde Dios nos sueña; donde nos preguntamos qué pasaría si despertara, acaso todas las realidades serían abolidas por un simple sonido del exterior, por una simple molestia; aquel lugar que no conocemos y que, Dios nos quiera, no conoceremos.

d) Ya se han observado ciertas coincidencias (léase con ironía) intertextuales entre Borges y Nietzsche en el cuento Funes el memorioso y otros ensayos. La intertextualidad con el Zaratustra del supuesto autor del Eterno Retorno es aquí, si bien no obvia, evidente.

e) De Mellado, Francisco. Enciclopedia moderna: Diccionario Universal de literatura, ciencias, artes, agricultura, cultura y comercio, v. XXXIV. Establecimiento de Mellado, (????). Impreso.

f) En filosofía, arte de razonar o descubrir la verdad a través de la lógica.
Esto es, crear el mundo siguiendo las leyes de la lógica que, por supuesto, nos son impuestas apenas tenemos uso de razón. Por tanto, crear un mundo en un sueño de naturaleza dialéctica, sería recrear el mundo.

g) Versión en español de La Torá:
[Al-Sajdah 32:7-9]
"He aquí que creamos al hombre [Adán] de barro"

h) Versión en español de La Biblia Latinoamericana, Edición Pastoral 1995 (Católica):
[Juan 1:1]
En el Principio era la Palabra,
y la Palabra estaba ante Dios
y la Palabra era Dios

(i) «Magias parciales del Quijote», en Otras Inquisiciones, Borges.